sábado, 3 de agosto de 2013

Primavera

- ¿Por qué te gusta la primavera mi pequeña?

- Es que es tan linda. Hay flores, todo es verde y puedo jugar en mi hamaca.

- Todo es simple contigo.

el Amor


- ¿Por qué sigues con esa idea en la cabeza? 

- Es que todas las películas hablan del amor, tía Marta no cree en él, dice que es un invento social, y no entiendo que significa eso.

- Tu tía no entiende nada.

- Entonces, ¿Como funciona el amor?

- No podría explicarlo aunque quisiera. Lo sabrás cuando lo sientas.

- ¿Y si no lo siento nunca?

- Niña,  lo sentirás. En la vida hay muchos amores.

- Y entonces ¿Por qué la tía Marta está sola?

- Algunas personas no quieren sentir amor. 

miércoles, 31 de julio de 2013

Rupturas


- A veces el alma se parte, es como un golpe fuerte. Pero no deberías preocuparte por eso.

- ¿Y qué pasa entonces?, preguntó inquieta, pues no entendía. 

- Bueno, suspiró un poco cansado el conejo y dudó antes de seguir- a partir de ese momento nunca vuelves a ser el mismo. 

 - ¿Es eso malo? 

- Depende, hay quienes necesitan el cambio, hay quienes pierden la alegría niña, todo esto es cosa de mayores, cosas muy complicadas por las que no deberías preguntar. Vamos, duérmete- comentó mientras terminaba de taparla con la manta.

viernes, 28 de junio de 2013

Llanto

El conejo la miraba con los ojos abiertos de par en par. - qué es eso niña? - Es una lágrima, le contestó hipando. - Y para que sirven? Preguntó asombrado mientras movía las orejas. - Para que sepan que me golpee o estoy triste. - Que curioso.

Sobre las flores y el romanticismo

Mientras caminaban por el campo la niña empezó a juntar florcitas, armó un ramo pequeño, pero alegre. - He visto a muchas niñas haciendo lo mismo. - Es porque las mujeres somos muy románticas. - No entiendo. - Es porque eres un conejo y no una coneja.

Analizando.

El conejo cantaba, tarareaba una nana que le recordaba a los cuentos para dormir. - Mamá canta cuando esta feliz. Papá tamborilea sobre la mesa cuando eso pasa- susurró la niña intentando no interrumpir. El conejo la miró a los ojos y movió los bigotes, era igual que cuando su padre se acomodaba los anteojos, estaba contento. - Nunca paras de sorprenderme!

Durante la siesta

La niña miró al conejo mientras dormía, el resoplar le recordaba a su gato. Y no pudo evitar rascarlo detrás de las orejas. En conclusión, los conejos no ronronean, pero mueven los bigotes de forma graciosa.