Despertó y el lento parpadeo le permitió entrever la puerta del dormitorio, volvió a cerrar los ojos.
Con algo de miedo se giró y estiró su blanca mano hacia la derecha.
Para su tranquilidad allí estaba, su calido pecho seguía a su lado, subiendo y bajando con una regularidad serena.
Sonrió en forma casi imperceptible, apoyó su cabeza en el amado pecho, se acurrucó un poco contra su cuerpo, y así, segura y feliz, volvió a dormirse.
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Él por su parte la sintió moverse, sólo cuando supo que estaba dormida se atrevió a pensarlo.
Con Margot era algo personal, muchos coqueteaban con ella y no era para menos, algo que desconocia le decia que no quería que nadie más tocara su cuerpo.
A diferencia de su mujer ella era femenina, viva, intensa, inteligente. Odiaba hacer eso, se sentía injusto comparandolas y no le gustaba sentirse así
Su cuerpo tenía las curvas y su mirada la fijeza. Se convirtió en la dueña de sus fantasias antes de que se diera cuenta.
Una semana más tarde le regaló un caro perfume frances, de los que ella había usado en su patria y así, como al pasar le ofreció que fuera su secretaria, además, necesitaba a alguien que tradujera un par de libros de frances a español.
Con algo de miedo se giró y estiró su blanca mano hacia la derecha.
Para su tranquilidad allí estaba, su calido pecho seguía a su lado, subiendo y bajando con una regularidad serena.
Sonrió en forma casi imperceptible, apoyó su cabeza en el amado pecho, se acurrucó un poco contra su cuerpo, y así, segura y feliz, volvió a dormirse.
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Él por su parte la sintió moverse, sólo cuando supo que estaba dormida se atrevió a pensarlo.
Con Margot era algo personal, muchos coqueteaban con ella y no era para menos, algo que desconocia le decia que no quería que nadie más tocara su cuerpo.
A diferencia de su mujer ella era femenina, viva, intensa, inteligente. Odiaba hacer eso, se sentía injusto comparandolas y no le gustaba sentirse así
Su cuerpo tenía las curvas y su mirada la fijeza. Se convirtió en la dueña de sus fantasias antes de que se diera cuenta.
Una semana más tarde le regaló un caro perfume frances, de los que ella había usado en su patria y así, como al pasar le ofreció que fuera su secretaria, además, necesitaba a alguien que tradujera un par de libros de frances a español.

